Recibi un mensaje en el movil de un numero desconocido.
Decía que habían encontrado una de mis viejas libretas de notas (o cuaderno de viajes - segun el dia-), perdida en no-recordaba-cuando. Patosamente empece a escudriñar en mis memorias difuminadas, palpando con la punta de los dedos entre las aguas turbias -de las que están hechos los sueños- algún índicio palpitante de una perdida poemática ( o de algún jirón de intimidad elucubrante) como, por ejemplo, retazos de una identidad efímeramente transitada. En el sondeo aparecieron un par de mochilas robadas, una guitarra con el bolsillo de su funda medio rota, y el fantasma del olvido de un olvido al lado de un contenedor de basura. En una breve llamada telefónica se pusieron de acuerdo para encontrarse inminentemente. Pero la inminencia fue perseverando en su posición de urgencia suspendida, que nunca acabo de entrar en escena. Quizás la muchacha “okupa” – que encontró el blog de notas precisamente en una casa okupa (vertedero selecto donde los haya) en la que él nunca habia estado-, la custodiaría en las mazmorras de su cuarto desconocido; de su pequeño recinto privado e individualista, personalmente compartimentado… que camuflado bajo capas de maquillaje arquitectónico, un diseño interioristico de andar por casa, acurrucaba las esperanzas de una regresión al futuro (casi como la película).
Después de unos 4 meses, tras un repentino caer en la cuenta de ese asuntillo pendiente, la entrega del “paquete” se puso logisticamente en marcha.
Decía que habían encontrado una de mis viejas libretas de notas (o cuaderno de viajes - segun el dia-), perdida en no-recordaba-cuando. Patosamente empece a escudriñar en mis memorias difuminadas, palpando con la punta de los dedos entre las aguas turbias -de las que están hechos los sueños- algún índicio palpitante de una perdida poemática ( o de algún jirón de intimidad elucubrante) como, por ejemplo, retazos de una identidad efímeramente transitada. En el sondeo aparecieron un par de mochilas robadas, una guitarra con el bolsillo de su funda medio rota, y el fantasma del olvido de un olvido al lado de un contenedor de basura. En una breve llamada telefónica se pusieron de acuerdo para encontrarse inminentemente. Pero la inminencia fue perseverando en su posición de urgencia suspendida, que nunca acabo de entrar en escena. Quizás la muchacha “okupa” – que encontró el blog de notas precisamente en una casa okupa (vertedero selecto donde los haya) en la que él nunca habia estado-, la custodiaría en las mazmorras de su cuarto desconocido; de su pequeño recinto privado e individualista, personalmente compartimentado… que camuflado bajo capas de maquillaje arquitectónico, un diseño interioristico de andar por casa, acurrucaba las esperanzas de una regresión al futuro (casi como la película).
Después de unos 4 meses, tras un repentino caer en la cuenta de ese asuntillo pendiente, la entrega del “paquete” se puso logisticamente en marcha.
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