jueves, 24 de noviembre de 2016

Encuentros


Estancias con Paola

Una Encuentro
La llovizna aprieta. acelera el paso resguardandose, resiguiendo los zócalos.
Se abre una ranura de la puerta dejando ver un poco de Paola.
-Hola, qué haces aquí?-dice seria, antes de que se le escape una risita abrupta y tenue.
-He venido a saludarte- 
Sin atender a su presencia, con ademán de indiferencia, mira un trozo de pared; los acabados del número de calle, el buzón.
La puerta se abre apenas un poco más y el encapuchado entra por la ranura. Se interceptan un momento. Están bastante cerca, y apenas se sienten, pero se presienten; se adentran en las reminiscencias... se respiran inconscientes. Y se dejan rozar suaves y ambiguos. Incluso parece que ligeramente se tocan. Pero la intención es muy tenue. Si es que se tocan, quien toca a quien? Se acogen quedos en un engarce mínimo... en algo que podría simbolizar un abrazo, un incierto estar apoyados el uno en el otro... un paso sostenido en una pausa de cuatro pies en un metro cuadrado; algo que resuena a moratoria que se posterga en los movimientos joviales de un alegre e imperceptible baile de encuentro.
-Te has mojado? - Un poco. Me gusta caminar cuando llueve.
Hablan y no hablan. Pausadamente.
- Estoy aquí haciendo cajas. Me mudo.
(eso el chico ya lo sabe)
- hay que tener mucha salud y mucho arte para venir a las compuertas de tu mundo a saludarte.
- hay que tener mucho morro para tener Arte.
Él esboza una sonrisa concesiva. En Ella explota una pequeña capsula de carcajadas.

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