Estancias con Paola
Una Encuentro
La llovizna aprieta. acelera el paso resguardandose, resiguiendo los zócalos.
Se abre una ranura
de la puerta dejando ver un poco de Paola.
-Hola, qué haces
aquí?-dice seria, antes de que se le escape una risita abrupta y tenue.
-He venido a
saludarte-
Sin atender a su presencia, con ademán de indiferencia, mira un trozo de
pared; los acabados del número de calle, el buzón.
La puerta se abre
apenas un poco más y el encapuchado entra por la ranura. Se
interceptan un momento. Están bastante cerca, y apenas se sienten, pero se presienten; se adentran en las reminiscencias... se respiran inconscientes. Y se dejan rozar suaves y ambiguos. Incluso parece que ligeramente se tocan. Pero la intención es muy tenue. Si es que se
tocan, quien toca a quien? Se acogen quedos en un engarce mínimo... en algo
que podría simbolizar un abrazo, un incierto estar apoyados el uno en el otro... un paso sostenido en una pausa de
cuatro pies en un metro cuadrado; algo que resuena a moratoria que se
posterga en los movimientos joviales de un alegre e imperceptible
baile de encuentro.
-Te has mojado? - Un
poco. Me gusta caminar cuando llueve.
Hablan y no hablan. Pausadamente.
- Estoy aquí
haciendo cajas. Me mudo.
(eso el chico ya lo
sabe)
- hay que tener
mucha salud y mucho arte para venir a las compuertas de tu mundo a
saludarte.
- hay que tener
mucho morro para tener Arte.
Él esboza una sonrisa concesiva. En Ella explota una pequeña capsula
de carcajadas.
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