Relato sobre una conversacion que nunca
tuve.
El -andres- era un chico joven, fuerte, guapo,
inteligente e independiente. El otro era un chico dos años mayor, o puede que
4, es decir, no tan joven; por lo demas: debil, “feo” -a su parecer-,
dependiente, y si le hubieramos preguntado a el por su inteligencia, habria
dicho “soy muy sensible, pero no pienso muy rapido”.
Y esque para ser inteligente ( o guapo, o
intependiente, o fuerte) no basta con ser sensible, y tener capacidad... hay
que tener carisma. No pocas veces, tontos con carisma pasan por listos, y
listos con carisma por estupidos.
La enfermedad de la ilustracion es el cinismo,
la enfermedad puede erradicar un mal mayor – o no!-. La enfermedad de la fe es
la ilusion y el antidoto de la desilusion. virtud-defecto son reversos
intercanviables.
---Hola que pasa?- se dirigio hacia el en un
ademan paternal, dandole un beso amistoso que lo envolvio en un calido
desconcierto.
Pues nada, aquí que voy a hechar unos papeles.
Dijo con deferencia, con palabras arrastrandose palpitantes, en un tono bajo y
como en retroceso. Parecia haber un ligero aire de burla -por la burocracia,
por si mismo o “por quien sabe que”.
Se quedaron medio mirandose en silencio, daba
el caso que no eran muy habladores ni uno ni otro. La calma totemica de andres
intimidava vivamente la frescura nerviosa del otro. Que reflejado en un espejo
ensombrecido por el contraste, se sentia al borde del ridiculo. Le desconcertaba
esa sensacion de espectador, de electron atrapado en la valencia mas periferica
de otro hombre.
Uno habitaba en la clase emocional de los
señores, el otro en la de los siervos por causa de la monstruosa admiracion.
Bueno, voy a ver si hago eso. -vale. Venga.
Adios.
En un suspiro de desasosiego sosegante, con el
orgullo carcomido por dentro decidio ponerse a pensar metodicamente por
liberarse de todos los afectos destartalados que le vinculavan vanamente a una
nada con forma de amistad. La unica tangente era el exilio?
Por quien sabe que:
la burla de la soberbia cinica... Se jacta
inconscientemente, tacita, subrepticiamente del carisma que es la consecuencia
de un modo de “mirar” la realidad quanticamente. En paquetes semanticos, a
trabes de un prisma semiologico que resbala de la lengua al mas alla. El
virtuoso es el esteta, el flaneur, el poeta de las personalidades. Que como
artista se subyuga a su criterio sublime de las proporciones preponderantes
-intuitivamente! queda dicho-.
“En verdad, en verdad os digo, si el grano de
trigo no cae en tierra y muere, queda solo; mas si muere, lleva mucho fruto.-
Evangelio de san juan.”